La competencia es el verdadero motor de un gran número de actividades. Con frecuencia se asocia a la idea de rivalidad u oposición entre dos o más sujetos para el logro de un objetivo como la utilidad personal o la ganancia económica privada.


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En Economía, esta concepción se ha visto complementada por aquella otra que considera a la competencia como mecanismo de la organización de la producción y de la determinación de precios y rentas. Para los economistas clásicos, la libre competencia era la fuerza ordenadora que impulsaba a una empresa individual a la reducción del precio de sus productos con la finalidad de incrementar su participación en el mercado.

Con posterioridad han surgido teorías que identificaban la competencia con las distintas formas que adoptaban los mercados. El criterio que hace referencia al número de participantes en el mercado ha sido el más utilizado para clasificar las diferentes situaciones de competencia.

La competencia que se produzca entre un gran número de vendedores (competencia perfecta) será distinta de aquella que se genere en un mercado donde ocurra un número reducido de vendedores (oligopolio). Como caso extremo, donde la competencia es inexistente, destaca aquel en que el mercado es controlado por un solo productor (monopolio).

En cualquiera de estas situaciones, los productores compartirán el mercado con un elevado número de compradores. También caben sin embargo, las situaciones en que hay un número reducido de demandantes, como por ejemplo el monopsonio y oligopsonio. En general puede afirmarse que cuanto más alto resulte el número de participantes más competitivo será el mercado.

La competencia perfecta es una representación idealizada de los mercados de bienes y servicios en la que la interacción recíproca de la oferta y la demanda determina el precio. Para que este proceso opere correctamente, el planteamiento formal de los mercados competitivos requiere que se cumplan las cuatro condiciones siguientes:

1.- Existencia de un elevado número de compradores y vendedores en el mercado.

Esto Significa que la cantidad que cada uno de ellos demanda u ofrece resulta tan pequeña respecto a la demanda y oferta del mercado que su comportamiento individual no puede tener efectos perceptibles sobre los precios de las mercancías. Por ello los productores y los compradores aceptarán los precios del mercado como datos. En este caso la competencia entre los compradores conducirá a que nadie pueda comprar a un precio inferior al que compra el resto. Así mismo la competencia entre los vendedores llevará a que ninguno de ellos pueda vender a un precio más alto de que lo hacen los demás, pues si lo intentara la competencia del resto de los productores lo expulsaría del mercado.

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Dado que la empresa puede alterar su volumen de producción y ventas sin que esto tenga efectos significativos sobre el precio del producto que vende, ha de aceptar el precio del producto como un dato, a esto se le denomina como precio aceptante. El precio se toma como un parámetro y las decisiones de las empresas no dependen de las reacciones que estiman que las demás empresas llevarán a cabo como consecuencia de modificaciones en las políticas productivas. En los mercados competitivos no hay rivalidad entre las empresas, sino competencia impersonal.

2.- Tanto compradores como vendedores deberán ser indiferentes respecto a quien comprar o vender.


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Este supuesto implica, en realidad, que el bien comprado o vendido sea homogéneo. Se supone implícitamente que cada unidad de un determinado bien deberá ser idéntica a cualquier otra del mismo; de lo contrario el productor de algún bien o servicio ligeramente diferente de los demás tendrá cierto control sobre el mercado y por lo tanto sobre el precio de su producto. En otras palabras este supuesto implica que no hay marcas que diferencien los productos.

3.- Que todos los compradores y vendedores tengan un conocimiento pleno de las condiciones generales de mercado.

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De este supuesto se infiere que los vendedores generalmente conocen lo que los compradores están dispuestos a pagar por sus productos, mientras que los demandantes saben a que precios los oferentes desean vender. De esta manera, es posible predecir correctamente aquel precio que equilibrará el mercado.Una vez que es conocido el precio de equilibrio, los compradores no aceptan comprar a un mayor precio y los oferentes rechazan vender a un precio inferior al de equilibrio. En tal situación no habrá compradores ni vendedores insatisfechos; todos aquellos que quieran vender podrán hacerlo, y todos los que quieran comprar lo harán en la cantidad deseada, pero siempre al precio de equilibrio.

4.- La libre movilidad de recursos productivos de forma que las empresas tienen libertad de salida y entrada al mercado.

La totalidad de los agentes que participan en la producción podrán, consecuentemente, entrar y salir del mercado de forma inmediata como respuesta a incentivos pecuniarios. De igual manera, quien desee dedicarse a la producción de un bien o servicio podrá hacerlo sin que se lo impida ninguna restricción. En otras palabras, este supuesto implica libre entrada y salida de empresas en una industria como respuesta a incentivos pecuniarios.
Una industria es un grupo de empresas que producen un bien homogéneo.


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Si las empresas existentes no pueden impedir la aparición de otras nuevas empresas y si se supone, que no existen prohibiciones legales de apertura o de cese, la libertad de entrada y salida asegura que los recursos productivos se puedan asignar a los sectores más eficientes.

Se supone también que en las industrias respectivas las empresas no actúan tratando de establecer acuerdos entre ellas, es decir no se da colusión. Respecto al funcionamiento del mercado se supone asimismo que este es libre, en el sentido que no existe ningún control externo que influya sobre su funcionamiento y que cree unas condiciones artificiales de mercado.

Con respecto al mercado de criptomonedas y criptoactivos algunas instituciones financieras ante su gran potencial manifiestan que estos recursos no puede servir como unidad de cuenta ni medio de intercambio ya que todo se manejan de forma virtual y ese resguardo de valor que posee una moneda física no puede tenerlo una moneda electrónica.

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A nivel tecnológico, las criptomonedas están muy por encima de las monedas fiduciarias y se posicionan como una competencia real. A pesar de que la confianza, la credibilidad y la tradición son parte del concepto erróneo de algunas personas, el fin de ellas no es competir sino potenciar su uso en el mercado mundial, para la comodidad de todos.